¿Se puede considerar como sorpresa la victoria de México ante la vigente Campeona del Mundo? A priori, sí, pero tras analizar detenidamente el encuentro podemos observar que el trabajo táctico llevado a cabo por los hombres de Juan Carlos Osorio, unido al gran talento que aúna esta generación, el resultado no es sino el fruto de un proceso que alcanzó su punto máximo (al menos hasta la fecha) ante la Alemania de Joachim Löw.

Varias ideas clave para comprender la gran actuación del Tri en el primer tiempo:

En primer lugar, la presencia de Layún como volante por la derecha y no como lateral le proporcionó al sevillista una enorme libertad de cara a poder centrar sus esfuerzos en el apartado ofensivo. Liberado de obligaciones atrás, aprovechó su potencia y verticalidad para llegar con facilidad hasta el área rival a la espalda del LTI y generar ocasiones ante Neuer al contragolpe.

Principalmente en los primeros minutos, en ataque posicional antes de realizar un repliegue más pronunciado, México encontró muy fácilmente al hombre libre (Carlos Vela lo interpretó a la perfección) entre líneas, con espacios y numerosas líneas de pase para crear peligro a través de una circulación rápida y vertical.

Ante el ataque posicional de Alemania y ya con un repliegue más bajo y pronunciado, México incomodó a Kroos llevándolo a los costados con una presión fuerte sobre él para forzar que el balón saliese de pies de los centrales, a los que se flotaba para obligarles a ser los encargados de una salida de balón que, con el centrocampista del Real Madrid encorsetado, iba a resultar más lenta, menos fluida y con un mayor riesgo de pérdida.

Ante la dificultad de encontrar a Kroos en la base de la jugada y con un Özil “obligado” a abandonar la mediapunta para ayudar en la salida de balón, Alemania volcó casi todos sus ataques por derecha, con Müller en posiciones más interiores liberando el carril entero a Kimmich. La excesiva altura desde la que partía el del Bayern provocó que, tras recuperación, Hirving Lozano castigara su espalda constantemente con muchísimo peligro. De hecho, así llegó el único gol del partido y varias contras que pudieron haber supuesto una mayor ventaja para los norteamericanos.

Además, dos hombres destacaron por encima del resto: Carlos Vela como factor diferencial a la hora de conducir la transición ofensiva y el omnipresente Héctor Herrera que hizo una labor descomunal a nivel defensivo y estuvo fantástico en la toma de decisiones a la hora de dar el primer pase para lanzar la transición.

En el segundo periodo, la selección mexicana demostró que también está preparada para sufrir y resistir ante el asedio de un rival con un enorme potencial ofensivo, sobresaliendo la labor de la pareja de centrales Ayala y Héctor Moreno, que estuvieron impecables, y la sobriedad de un Memo Ochoa que vuelve a dejar constancia de la maravillosa química que mantiene con esta competición.