Diego Costa, el día que pudo no ser

El soñado regreso a vestir la camiseta a rayas rojas y blancas con ese gol tan definitorio de lo que es como delantero, la presentación ante 25.000 enfervorecidos colchoneros ansiosos por un regreso que se hizo esperar mucho más de lo que debía, los millonarios y controvertidos traspasos del Atleti al Chelsea y viceversa, las dos Premier League, la Liga y la Copa vestido de rojiblanco, su polémico ingreso en la selección española y tantos y tantos goles celebrados con rabia por miles de aficionados que lo aman y odian a partes iguales…

Todo esto pudo haber quedado reducido a la nada, a simples y absurdas imaginaciones, al utópico optimismo de un puñado de locos que allá por el verano de 2011 y tras un sinfín de cesiones con dudoso rendimiento, creían en Diego Costa. Ni siquiera desde el propio club, ni los responsables de su incorporación en 2006, confiaban en esa explosión que tanto tiempo habían esperado, hasta tal punto que el brasileño estaba a una firma de poner fin a su etapa en España con destino a Turquía.

Sin embargo, el destino caprichoso y sabio como acostumbra a ser, se interpuso ante esa decisión. El mismo día que su agente le comunicó que el Atlético había aceptado una oferta por él del Besiktas, Diego Costa se lesionó de gravedad, rotura de ligamento anterior y menisco; adiós a su futuro más inmediato. El destino, como él siempre ha admitido, no quiso que diera ese paso, y lo que para cualquiera de los mortales hubiera supuesto una piedra en el camino, una cima harto complicada de coronar, no fue más que un nuevo comienzo, un punto de inflexión y una nueva forma de encontrar la motivación y volver aún más fuerte. Aquel  27 de julio de 2011 cambió para siempre al de Lagarto.

En su larga y dura recuperación, en la adversidad, Costa terminó de forjar al delantero que es hoy, el que lucha hasta la extenuación, el que nunca se rinde, el que causa pavor entre las zagas rivales, el que pelea hasta el último aliento con un único objetivo: el gol. Siempre el gol. Cuando todos dudaban, el siguió creyendo en sí mismo y en su sino para convertirse en ese atacante que nadie por aquel entonces, en ese contexto, podía imaginar. Jamás sabremos qué habría sido de haber partido hacia Turquía, pero no es difícil aventurar que su historia no hubiera sido ni la mitad de excitante que resultó siendo desde aquel desgraciado episodio.

Seis meses después, con el Rayo, demostró que sí podía llegar el futbolista que muchos habían creído que podía ser hace unos años. Su dupla con Michu aún hoy es añorada en Vallecas. Y en 2013, la eclosión. Su compenetración con Falcao llevó al Atleti a levantar la Copa del Rey ante el eterno rival y, a partir de ese momento, todo lo demás es historia.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s