Agosto 2016.

A priori, los primeros meses de Zinedine Zidane en el banquillo del Santiago Bernabéu debían de ser un periodo de transición, que a su vez establecieran el punto de inicio para un proyecto a largo plazo. Con la temporada casi perdida, la presión era mucho menor que en condiciones normales y el crédito y la confianza que le otorgaba la consideración de figura legendaria del club le proporcionaban un generoso margen de maniobra de cara a hacerse con los mandos de la nave blanca, ya con la siguiente temporada en el punto de mira. En realidad, lo único que se le exigía era recuperar y cambiar la mentalidad de un plantel que atesoraba un talento descomunal, pero que se sumía en una profunda depresión. Su labor como psicólogo y motivador fue de sobresaliente, y fruto de ella, la Undécima adorna desde el pasado mes de junio las vitrinas de Chamartín.

Sin embargo, con el arranque de la 2016/17, el panorama se presenta radicalmente opuesto para el técnico galo, que además de someterse al reto de la eterna y obligatoria necesidad de ganar siempre y acumular títulos que intrínsecamente caracteriza al Real Madrid, se enfrenta también al desafío de implantar y perpetuar un estilo de juego reconocible para un club que ha dado demasiados giros de timón en los últimos tiempos en ese aspecto.

DISPOSICIÓN TÁCTICA

Zidane lo tiene claro. Si físicamente todos sus cracks están al 100%, su once tipo variará poco del que aprendimos de memoria el pasado curso. Como ya declaró el entrenador galo recién comenzada la pretemporada, el 1-4-3-3 será el sistema base sobre el que los merengues cimienten una idea de juego que debe apostar por el crecimiento desde el balón. Evidentemente, en fase ofensiva con un centro del campo que atesora semejante nivel de calidad con el esférico en los pies (Kroos, Modrić, Isco y James), más los apoyos y descuelgues hasta zona de tres cuartos de Bale, Ronaldo y Benzema, y las permanentes incorporaciones al ataque de ambos laterales, el 1-4-3-3 se ajusta como anillo al dedo, ya que es el sistema que crea más triángulos, es decir, aporta más opciones, soluciones y líneas de pase al poseedor del balón a la vez que genera multitud de alternativas de pase en diagonal, que son los que hacen avanzar al equipo y superar líneas del conjunto rival. Y por encima de todo, es el sistema que mejor aprovecha y potencia la tremenda capacidad goleadora de una delantera capaz de rebasar los 100 goles por temporada. Sin embargo, dependiendo del escenario, el 1-4-4-2, como se ha visto durante la preparación, es también una opción real y una alternativa más conservadora para proteger los pliegues defensivas ante rivales que tengan más el balón. Porque sí, Zidane en eso es muy de Carletto: si toca soltar la bola, se suelta. Y bajo ningún concepto se ve al Madrid como un equipo incómodo a la hora de participar en defensa.

Justamente, en fase defensiva, lo habitual será ver como ese 1-4-3-3 muta en un 1-4-4-2 en el que Benzema y Ronaldo se ubican como primer escollo para el ataque rival, con Bale integrado entre los centrocampistas en el costado izquierdo. Todo dentro de una presión media-baja a la salida de balón del oponente, comportamiento que, por cierto, también viene de la escuela de Ancelotti. Doctrina que sí que se diferencia con Zizou a la hora de valorar al mediocentro madridista. La figura de Casemiro, clave en el tramo final de la pasada temporada, volverá a ser determinante a la hora de equilibrar el balance defensa-ataque. Con un físico privilegiado y una inteligencia táctica superior a la media que le permite estar siempre ubicado en el lugar correcto, será el aliado perfecto de Ramos y Pepe a la hora de contrarrestar las inferioridades numéricas en los contragolpes rivales provocados por las constantes subidas de los laterales. Además de ser el brasileño, en defensa posicional, un multiplicador de sí mismo ante las más previsibles desconexiones que se generen entre la delantera y el resto del equipo.

UNA PLANTILLA MUY COMPLETA

El primer requisito que Zidane exigió para poder hacer frente a los objetivos planteados era disponer de una plantilla amplia que gozase de recambios fiables. Con un once inicial tipo plagado de estrellas, la falta de certeza en el fondo de armario era uno de los mayores déficit que el Real Madrid llevaba acusando en las últimas temporadas, algo que, de entrada, no conllevará problema alguno esta campaña. El club tan solo se ha desprendido de Arbeloa y Jesé, que apenas habían contado con papel testimonial en los últimos tiempos. Mientras que los regresos de Morata, Coentrão y Asensio suponen refuerzos de primer nivel para aumentar el estándar de competitivad interna y, sobre todo, para ayudar a solventar con plenas garantías las eventuales ausencias que más daño han podido hacer al Real en el pasado (BBC, Marcelo, Modrić y Kroos). Junto a ellos, una pléyade de fantásticos futbolistas que serían titulares indiscutibles en el 90% de los equipos de Champions League encabezados por los Varane, que alternará titularidad y suplencia a menudo; Danilo, quien a su mejor nivel será una alternativa real a Carvajal; Kovačić, del cual su facilidad para romper líneas en conducción puede ser muy útil; Lucas Vázquez, representante de la etiqueta de “revulsivo perfecto” por su ritmo eléctrico y desborde; y James e Isco, quienes si Zidane los recupera para la causa, su talento desmedido será muy desequilibrante. En definitiva, una plantilla muy completa y compensada que ofrece infinitas alternativas en la que no se extraña ninguna pieza, elaborada a conciencia para poder afrontar con plenas garantías el curso 2016/17 optando a todo.

Además, si algo ha demostrado esta particular pretemporada blanca, marcada por las ausencias propiciadas por la Eurocopa, es que los teóricos suplentes y los canteranos que vienen pujando con fuerza desde abajo estarán sobradamente preparados para rendir al máximo nivel en cualquier momento de la temporada.

ROTACIONES NECESARIAS

En el fútbol del siglo XXI, en el que un equipo de élite como el Real Madrid podría llegar a disputar más de 60 partidos en la presente campaña, el reparto de minutos y descansos entre los futbolistas más importantes se antoja imprescindible y se presenta como otro de los grandes retos para el entrenador francés. Y es que resulta evidente que, en temporadas pasadas, la plantilla madridista ha alcanzado los meses de abril-mayo literalmente fundida. Por ello, se presume vital que Zidane sea capaz de concienciar y convencer a Ronaldo, Bale, Modrić, Ramos y compañía de que no lo pueden jugar todo y que es mucho más importante llegar fresco físicamente al tramo decisivo de la temporada que engordar las estadísticas personales. Como comentábamos más arriba, la plantilla va sobrada de efectivos para que el nivel del equipo no decaiga juegue quien juegue, así que en este punto, la habilidad del técnico para gestionar los egos de sus estrellas puede marcar la diferencia entre esa delgada línea que divide el éxito del fracaso.

El tiempo y el paso de las jornadas irán marcando cuál es la situación real del equipo, pero a priori, las sensaciones son que este proyecto de Zidane se presenta como más sólido, meditado y construido desde la sensatez de los últimos 10 años en el Real Madrid