Brasileños en La Liga de los 90: Bebeto y Mauro Silva

Marzo 2017.

Antes de continuar leyendo el cuerpo de este artículo les pediremos que realicen un pequeño y sencillo ejercicio de reflexión. Imaginen, desde la perspectiva ultra mediática a la que está expuesto el fútbol actual, la siguiente imagen: Playa de La Barceloneta, el sol y la arena son testigos de cómo miles de turistas y jóvenes locales disfrutan de un caluroso agosto amenizado por el suave rumor del oleaje alcanzando la orilla. Y mientras tanto, a escasos metros y con toda la tranquilidad del mundo, sin que una muchedumbre que es totalmente ajena a lo que está ocurriendo apenas se detenga a curiosear quién es ese tipo al que un grupo de periodistas toman fotografías, un Neymar recién llegado a Barcelona realiza las típicas virguerías que se llevan a cabo con el balón cada vez que un futbolista es presentado ante los medios. Utópico, ¿verdad? Resulta prácticamente imposible creer que semejante escena pudiera ser real en nuestros días. Pues bien, algo que no dista demasiado de este ficticio y breve relato ocurrió durante el verano de 1992 en la Playa de Riazor, A Coruña, cuando dos súper estrellas del balompié, Bebeto y Mauro Silva, que recién desembarcaban en España provenientes de Brasil exhibían relajada y distendidamente sus dotes con el esférico en su primera aparición en sociedad con la elástica blanquiazul del Deportivo de la Coruña. Otra muestra de las cientos de entrañables momentos que el sencillo y entrañable fútbol de los ’90 nos regaló y que tanto añoramos en la actualidad.

No obstante y a pesar de lo cómico que pueda parecer, de esta forma tan inesperada se comenzó a gestar uno de los equipos de fútbol más queridos y recordados de la historia del fútbol español, el Súper Dépor. Años más tarde, en la década de los 2000, el Deportivo se haría fuerte en Europa y un hueco entre los más grandes del viejo continente, pero las increíbles gestas de los Makaay, Valerón o Tristán en los más sagrados templos del fútbol no hubieran sido posibles sin la semilla competitiva y ganadora que se sembró en Riazor una década antes. Y fue bajo los mandos del mítico y carismático Arsenio Iglesias, quien desde el banquillo supo conjuntar a la perfección las piezas para que dos súper estrellas encajasen sin problemas en un equipo talentoso pero humilde en el que Bebeto y Mauro Silva supusieron un salto de calidad salvaje. Los resultados posteriores dan fé de ello: la Copa del Rey, la Supercopa, aquella Liga que se esfumó en el último suspiro con ese fatal y cruel desenlace tan difícil de olvidar… Aquellos dos tipos tímidos y aparentemente introvertidos cambiaron para siempre la historia de un club que de la noche a la mañana pasó de pelear por mantener la categoría a ser la peor pesadilla de Real Madrid y FC Barcelona y a pelear con ellos de forma habitual por todo.No es esta la única anécdota que rodea la llegada de este par de astros a territorio gallego. Si uno se detiene a pensar unos instantes resulta inevitable hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo pudo un equipo que apenas había regresado a Primera un año antes y que en la última temporada salvó la categoría por los pelos fichar a dos cracks de nivel Mundial? Augusto César Lendoiro es la respuesta. El emblemático presidente del club comenzó a forjar su leyenda de negociador extremadamente duro y a pesar de que Bebeto tenía 99% cerrado su pase al Borussia Dortmund, Lendoiro no dio su brazo a torcer y días más tarde Bebeto era nuevo jugador deportivista. ¿Cómo lo hizo? Cuenta la leyenda que el presidente acudió a Brasil con multitud de regalos, la promesa de una casa y con el “sólido” argumento de que Coruña era la Río de Janeiro española. Eso y una charla con la mujer del astro carioca fueron motivos más que suficientes para cerrar uno de los traspasos más sorprendentes e inesperados de la época.

Consultar a aficionados deportivistas sobre lo que supusieron para su equipo conlleva un resultado que es 100% unánime entre todos los encuestados: el simple hecho de escuchar sus nombres ya dibuja una interminable sonrisa en sus rostros. Además, sobre Mauro Silva te contarán que era un profesional intachable, un hombre dispuesto a entregar hasta el último aliento por sus compañeros e hinchada, una persona ejemplar tanto dentro como fuera del terreno de juego. Un futbolista con una inteligencia táctica sobrenatural capaz de abarcar por completo la línea medular con una sencillez y tranquilidad pasmosas. Todo un líder que sin la necesidad de llamar la atención ni de acaparar los focos mediáticos se ganó el respeto de compañeros y rivales.

Bebeto, por su parte, era la magia y la poesía combinadas con una obsesión por el gol que le convertían en un killer insaciable. Su aspecto de niño bueno tornaba en el de un temible depredador cuando el balón rondaba las inmediaciones del área rival. Su innata habilidad para desmontar defensas y aquel don divino con el que fue bendecido a la hora de definir ante los cancerberos oponentes le convirtieron en uno de los mejores goleadores de la historia del campeonato español. Sus 118 goles en 131 partidos y aquel partido en el que anotó 5 goles (4 de ellos en 6 minutos) son cifras que solo están al alcance de unos pocos elegidos.

Mauro Silva y Bebeto, dos ídolos inolvidables para Riazor, los dos primeros cracks de los muchos que llegarían después, las dos estrellas que pusieron a La Coruña en el escaparate futbolístico mundial y que, como la Torre de Hércules, son patrimonio artístico y cultural, un legado eterno e imborrable para todos aquellos que palpitan por el azul y el blanco.

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