Muralla Oblak

Noviembre 2015.

Ineludiblemente, el balón acabará besando las redes. Un disparo perfecto, que aúna potencia y precisión a partes iguales, está a punto de desatar el jolgorio en la grada local. Y de repente, el milagro; la algarabía, aplazada. Desafiando a las leyes de la física, suspendido en el aire ingrávido durante unas centésimas de segundo, Oblak obra el milagro para salvar, una vez más, al Atlético de Madrid. Como ayer, ante el virulento lanzamiento de Cejudo. Igual que hace 2 semanas amargando al joven Halilovic. Idéntica situación ante Real Madrid, Bayer Leverkusen y un largo etcétera desde la temporada pasada.

Y es que el cancerbero esloveno ha conseguido transformar lo excepcional en algo cotidiano, el milagro en rutina. Su catálogo de paradas va mucho más allá de lo que la lógica humana puede alcanzar a comprender. A base de unos reflejos extraordinarios, una potencia de piernas desproporcionada y unos brazos interminables, Oblak se ha ganado un espacio fijo en los resúmenes semanales de mejores paradas.

Oblak es el actual líder del Trofeo Zamora con 6 goles encajados en 12 encuentros. Además, completa sus fantásticas estadísticas con un fenomenal coeficiente de 0,70 goles recibidos en sus 37 apariciones como arquero rojiblanco

Pero no es sólo esta innata capacidad para evitar goles imposibles la que le ha llevado a ser considerado como uno de los mejores arqueros del continente y el planeta. La solidez, seguridad y dominio del juego aéreo y su inteligencia y oportunismo en el mano a mano le conforman como un guardameta insultantemente completo para un chico de tan sólo 22 años. Sus números no hacen más que corroborar lo anteriormente expuesto. Con 6 tantos recibidos en 12 partidos, lidera la lucha por el Trofeo Zamora por delante de Claudio Bravo y Keylor Navas, habiendo dejado su portería a 0 en 7 encuentros esta 2015/16 en Liga BBVA. Tremendos datos que se completan con ese fantástico coeficiente de 0,70 goles encajados en sus ya 37 partidos disputados como rojiblanco.

Alejado de los focos mediáticos, eclipsado por el virtuosismo y el vértigo de Carrasco con el balón, la magia de Griezmann en los metros finales, las exhibiciones tácticas de Tiago o la garra y el pundonor de Godín, Oblak se ha convertido en un pilar básico para la seguridad defensiva que anhela Simeone, en uno de los principales artífices de ese segundo puesto en la clasificación recién alcanzado y en ídolo para un Vicente Calderón en el que su figura ya hace sombra a la del venerado y amado Courtois.

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