Octubre 2015.

Grotesco, esperpéntico, bochornoso…. En ese tipo de espectáculos se han convertido los últimos partidos del Liverpool. Resulta tan pobre y lamentable el juego de los reds que desde la siempre fervorosa e inquebrantable afición de Anfield se empieza a demandar un inmediato cambio de rumbo. Y en el punto de mira, un claro y único objetivo acapara todos los focos de la culpa: Brendan Rodgers.

Para definirlo de manera clara y concisa, el equipo es un absoluto desastre. Escapa a la razón humana el hecho de que un club que ha invertido más de 200 millones de Euros en fichajes en las últimas temporadas sea incapaz de vencer en su estadio, con todo el respeto del mundo por los rivales, al Sion en el último encuentro de la Europa League, necesites llegar hasta la tanda de penaltis ante el Carlisle United en la Carling o que el West Ham te pinte la cara con un incontestable 0-3. Se podría acusar de igual forma a los jugadores como responsables de la deprimente actual situación deportiva que sufre el club, pero cuando en tu plantel acumulas talento y calidad como atesoran los Coutinho, Lallana, Henderson, Milner, Firmino y Benteke entre otros, si el equipo no funciona la culpa única y exclusivamente recae sobre el técnico.

Y es que en realidad, el bueno de Rodgers jamás ha estado a la altura de lo que requiere un club del nivel y la historia del ‘Pool. Muchos contra argumentarán que gracias al exentrenador del Swansea, el club volvió a luchar hasta el final por un título liguero que ni se asoma por Anfield desde hace más de 20 años. Pero lo cierto es que ese equipo de la2013/14 se sostuvo en un 90% sobre la monstruosa campaña de Luis Suárez y cuando llegaron los malos momentos, el técnico norirlandés no supo reaccionar, dejando escapar de forma absurda una Premier que ya rozaban con la punta de los dedos. Del resto de campañas, lamentables actuaciones en Europa y una sexta posición como techo en la competición doméstica.

Lo cierto es que el bueno de Brendan ha fracasado como técnico del Liverpool. Durante su presentación en el verano de 2012, en rueda de prensa, pidió un margen de 3 años de paciencia con su trabajo para que llegasen los frutos en forma de buenos resultados. Sin embargo, éstos jamás han llegado y lo que es peor, no se esperan a corto plazo. Además, nunca en todo este tiempo se ha apreciado una imagen, un estilo, una identidad definidos, en definitiva, la mano de un entrenador que no ha sabido gestionar los recursos de que ha dispuesto, tanto humanos como económicos.

El derbi de este domingo ante el Everton puede ser la gota que colme el vaso. Una derrota ante el eterno rival terminaría con el escaso crédito que le queda a Rodgers, y la sombra de la destitución, con Jürgen Klöpp en el horizonte, es cada vez más alargada. Quizá esta sea la única solución para terminar con este desastre y que el Liverpool pueda recuperar el prestigio perdido.