Octubre 2015.

Con los ojos vidriosos, el vello erizado y el ritmo cardíaco mucho más acelerado de lo que suele ser habitual. Algo similar debieron sentir los 30.000 espectadores que abarrotaban las gradas del Estadio Nacional cuando los primeros compases de esa mágica melodía que acompaña al mejor fútbol del planeta comenzaron a sonar por la megafonía. No era la primera vez que esta música celestial sonaba en el Astaná Arena, pero la ocasión sí que era bastante más especial que las anteriores, la fase previa había quedado atrás y comenzaba, por primera vez en la historia del club y de Kazajstan, la fase final de la Champions League.

Nunca antes había viajado el balón estrellado hasta longitudes tan orientales, hasta un país en su mayor parte encastrado en el continente asiático, una capital que dista 4.605 Km. de Berlín5.622 de París5.817 de Londres y 6.882 de Madrid. Pero, como en todas estas grandes urbes, el fútbol es un gran motor de ilusión y pasión, y los habitantes de la capital kazaja vibraron y se emocionaron con el mejor fútbol del continente como los que más.

El resultado iba a ser de menos. El sueño de la Champions, de visitar y recibir a los mejores clubes del panorama europeo se comenzaba a cumplir con la visita del Galatasaray, y ese era ya un premio mucho más grande del que podrían haber imaginado jamás. Pero, una vez alcanzado este punto, ¿por qué no soñar con algo más?

Y con esa actitud, grada y jugadores se conjuraron para completar una actuación, un debut en la competición, histórico. Los Foxi, Cañas, Kabananga, Maksimovic y compañía sacaron lo mejor de su repertorio futbolístico para, al abrigo de una entregada e impetuosa afición, complicar la vida a un conjunto turco a priori infinitamente superior. El encuentro se puso muy cuesta arriba para los locales con los tantos de Bilal Kisa y de Eric en propia puerta, pero gracias a un enorme derroche físico, ilusión y, por qué no decirlo, un gran juego futbolísticamente hablando, consiguieron remontar por dos veces el encuentro y regalar un empate, un punto que ya forma parte de los libros de historia del club, la ciudad y la nación.

La magia de la Champions, del fútbol, realizó su trayecto más largo y colmó de alegría a 30.000 afortunados que jamás olvidarán la noche del 30 de septiembre de 2015. Qué bonito es el fútbol.