Octubre 2015.

Muy pocos hubieran podrían imaginar durante el pasado verano que a 19 de octubre de 2015 la Real Sociedad se iba a encontrar en la precaria situación actual. Lo que, durante los meses de julio y agosto, era ilusión y esperanza gracias a la gran inversión realizada para traer de vuelta a Illarramendi e incorporar a Jonathas y Bruma a una plantilla que conservaba a sus hombres más importantes, ha tornado en las últimas semanas en una profunda decepción para la hinchada realista. Y todos los focos de la responsabilidad apuntan a David Moyes como principal culpable.

Los números no engañan, y es que desde que el preparados escocés ocupa el banquillo de Anoeta, el equipo registra un pobre bagaje de 10 victorias en 34 encuentros, estadística que se agrava aún más si se tienen en cuenta los últimos 17, en los cuales los txuri-urdin tan sólo han podido celebrar 3 triunfos. Y para más inri, en lo que va de 2015/16, aún no han disfrutado en San Sebastián de la sensación de sumar de 3 en 3.

Pero, no son sólo las estadísticas las que señalan al ex técnico de Manchester United y Everton. Lo más grave es que, tras casi 1 año completo  al mando de la parcela deportiva, el equipo carece de una filosofía e identidad reconocibles. Analizar el estilo de juego de la Real se antoja una labor harto complicada, no existen patrones ni automatismos reconocibles en una plantilla desaprovechada y a la que no se le está sacando ni un 10% del potencial que posee. Tan sólo hay una certeza alrededor del equipo actualmente: no se juega a nada. Además, el bueno de David ha sido incapaz de acoplar al equipo a Bruma y Jonathas, dos hombres que estaban llamados a ser referencias en ataque y cuya presencia en el equipo no pasa de discreta.

A su llegada a Donosti el pasado noviembre, Moyes realizaba esta declaración de intenciones:

Espero que mi equipo transmita emoción en el campo y divierta con su juego, pero, por encima de todo eso, lo que quiero es ganar. Siempre me ha gustado estar entre los mejores, enfrentarme a los mejores. En la Liga española están los mejores jugadores, los mejores técnicos. Lo que yo quiero es un equipo ambicioso. La Real es un club ambicioso y eso me ha gustado. Me gusta ganar. Mi metodología, mi forma de entrenar es mi punto fuerte, es lo que creo que hago muy bien. Hay una larga cola de técnicos y jugadores que quieren venir aquí a trabajar conmigo”

Sin embargo, después de casi 12 meses, ni emoción, ni diversión, ni victorias, ni una metodología digna de alabanzas. Lo que se ha encontrado la sufrida parroquia de Anoeta es a un señor incapaz de realizar autocrítica, que achaca partido tras partido a la mala suerte los pésimos resultados cosechados. Un tipo que, como en la tarde de ayer ante un rival inoperante en ataque, es incapaz de leer el partido y apostar por diferentes cambios y alternativas, pero que prefiere desviar, como de costumbre, su enorme cuota de responsabilidad manifestando que sus jugadores han practicado un gran fútbol y escudándose en cuestiones de carácter arbitral o azarosas.

La afición no es tonta y se ha dado cuenta de todo este engaño. Frustrados por el anodino fútbol de sus jugadores y hastiados por las incontables e inverosímiles excusas, el “Moyes Go Home” empieza a escucharse en San Sebastián. Es inadmisible que con semejante una inversión y plantilla para aspirar a la zona noble, el club navegue a la deriva en el pozo de la clasificación. El capitán del barco (si es que en algún momento ejerció como tal) lo abandonó hace tiempo y como esta deriva se alargue mucho tiempo al final lo pagarán y sufrirán los de siempre, los que llevan a la Real en el corazón mientras el entrenador sigue llenándose los bolsillos.