Agosto 2015.

La pelota colocada sobre el verde, en los límites del cuarto de circunfenrencia con cariño, con mimo, con la delicadeza del que sostiene en sus brazos a un recién nacido. Con el amor que todo amante del fútbol profiere hacia el esférico, Néstor Susaeta acaricia el balón suave para impulsarlo, teledirigirlo con milimétrica maestría y precisión hasta el punto exacto en el que su compañero aguarda para el remate. Son apenas un par de segundos los que tarda la bola en recorrer el espacio que separa el corner de la testa de David Fernández, pero durante ese hermoso y parabólico recorrido, el tiempo parece detenerse. Las milésimas de segundo se tornan eternas, y en cada una de ellas parecen difuminarse todos y cada uno de los agrios y desagradables recuerdos que alberga el oviedismo de la última década, los de las encerronas, los campos de barro y charco, los de desaparecer de todos los focos de atención.

Pero, en el momento en el que el balón alcanza su destino, el reloj vuelve a funcionar. De entre una nube de camisetas amarillas surge, imperial, la figura de David, con el 5 a la espalda, para cabecear con rabia los años de lamentos y sufrimiento de una fiel y entregada hinchada. El Real Oviedo acaba de regresar de los infiernos. Han pasado ya 2 meses de aquel histórico momento, de la fiesta y la celebración sin fin, es el momento de demostrar que este Oviedo merece estar en una Liga Adelante que arranca este fin de semana. Los carbayones estrenarán categoría en el mejor de los escenarios, un Carlos Tartiere que tras haber sido testigo de los últimos años de penurias, lucirá sus mejores galas en este reencuentro con el fútbol de élite.

Pese a la euforia desatada en la ciudad por el ansiado y esperado ascenso, la realidad para el club ahora no es otra que la de un recién ascendido. El objetivo principal de los hombres de Sergio Egea debería ser alcanzar la estabilidad y asegurar la permanencia en la categoría de plata para, en una o dos temporadas, acometer el reto de llegar a lo más alto.

Sin embargo, la planificación de la plantilla, manteniendo a hombres tan importantes como Esteban, Font, Susaeta o Linares, más la calidad y nivel de las incorporaciones realizadas como los Hervías, Miño, Edu Bedía, Toché o Koné, invita a pensar que si el equipo se adapta rápidamente a la categoría, igual se podría aspirar a algo más.

Una idea que con cada nuevo fichaje que aterriza y con cada partido disputado de una notable pretemporada, empieza a calar más hondo entre los oviedistas.

¿Y por qué no soñar con aprovechar la inercia de este momento de éxito e intentar subir ese último escalón que permita llegar al destino en el que siempre debieron haber estado? Este domingo, a las 18:30 en el Carlos Tartiere, arranca el camino hacia la gloria.

La Primera división ya está un poco más cerca.