ESPECIAL MUNDIAL 2014

Deben ser alrededor de las 22:50 en Johannesburgo. Las luces del electrónico del Soccer City señalan que el partido está a punto de morir y, tras 120 minutos de esfuerzo, sudor y sufrimiento, las selecciones de Ghana y Uruguay empatan a un tanto después de los goles conseguidos por Sulley Muntari y Diego Forlán.

Con el tiempo de la segunda parte de la prórroga ya cumplido, Paintsil lanza una falta al corazón del área desde el perfil derecho de la meta celeste. El barullo es monumental y luego de varios rebotes, el balón llega a la cabeza de Mensah. Su remate con la testa vuela lenta y plácidamente hacia la portería pero, justo cuando la pelota está a punto de rebasar la línea de cal que separa la gloria del fracaso, se encuentra con un obstáculo inesperado. Un Luis Suárez acostumbrado a doblar las manos de los arqueros rivales, utiliza esta vez las suyas para desviar a la desesperada el esférico. El “9″ charrúa es expulsado pero  eso poco importa. Es penalti.

El momento no puede ser más drámatico. En el último aliento del partido, las Estrellas Negras (apodo que reciben los ghaneses con motivo de la estrella que luce en su bandera, símbolo de la libertad africana) están a un paso de entrar en la historia, de convertirse en la primera selección del continente en clasificarse para las semifinales de una Copa del Mundo. Detrás del balón, a punto de patear, Asamoah Gyan. El chico de Accra que en su infancia jugaba por las calles de la capital golpeando piedras que hacían de balones, tiene sobre sus espaldas la responsabilidad de transportar la felicidad no solo a los ciudadanos de su ciudad natal, o sobre los más de 24 millones de habitantes que pueblan su nación. Tiene la responsabilidad de llevar la alegría a toda África.

Consciente de ello, Gyan golpea el balón liberando toda la pasión, la fuerza y la rabia contenidas por todo el continente negro. El balón se dirige a toda velocidad hacia la gloria, pero en el último momento se topa con la muralla del travesaño, que lo repele haciendo que se pierda en el cielo, y con él todos los sueños, esperanzas e ilusiones de millones de personas.

Anímicamente destrozada, la selección de Ghana es incapaz de sobreponerse al duro varapalo y en la tanda de penaltis es claramente superada por el conjunto uruguayo, que para infringir más dolor todavía a la derrota, vence con un último lanzamiento realizado por un “loco” a lo Panenka.

Ghana pierde, África llora.